Mi perra "Goya"

 

Articulo enviado por: MANUEL TENA CABALLERO el : 12/01/2004


..TITULO: MI PERRA GOYA

A finales de los sesenta y estando de maestro en un precioso pueblo de regadío de la provincia de Badajoz (El Torviscal) me regalaron una cachorrita cruzada de pointer y no sé si setter o bretón. Yo era muy joven y me la llevé a mi pueblo (Benquerencia) con toda la ilusión del mundo.

Durante varios meses fuimos compañeros en largas sesiones de preparación y entrenamiento. Era muy lista y al final no sé si yo la enseñaba a ella o ella a mí. Al fin llegó el gran día de la primera salida al cazadero. Éramos una cuadrilla de diez o doce escopetas y se cazaba en ala. El cazadero comenzaba en la sierra y llegaba hasta la vía. A mí me tocó a media falda y a mi hermano Luis un poquito mas arriba. Cogí mi plana del 16 y la canana repleta de cartuchos "El galgo verde" y después de las bromas acostumbradas comenzamos a cazar. Al llegar a los "castaños de Canela" se picaron los perros y voló el primer bando de perdices, pero, como salieron muy largas, no les pudimos disparar. Seguimos andando y al poco rato la Goya se quedó puesta en unos jarales. Fue una postura de cine, o a mí así me lo pareció. Con gestos le indiqué a mi hermano Luís que si salían varias él disparara a las de la derecha y yo a las de la izquierda. Como la Goya no rompía la postura comencé a acariciarla y a mover las ramas que tenía delante de su su hocico.¡"Pichó"...."pichó"...."pichó"! que melodía tan bonita interpretaron al volar.
Eran dos: una salió para adelante y le dí corrida pensando en la perra, le disparé y le acerté de pleno. La segunda salió para atrás y oí los disparos de Luís. Al momento se presentó la perra con la perdiz en la boca. Loco de contento se la enseñé a mi hermano y le pregunté: ¿La tuya qué? "También la he tumbado pero muy lejos y alicortada. Esa se nos pierde"- me contestó. Mandé a la perra en la dirección que me indicó y esperamos unos minutos. No venía y empecé a llamarla. Cuando pensaba que había perdido la perra ésta se presentó con un enorme macho en la boca, vivo y con una ala rota. Sería muy largo de contar lo que sentí en aquellos momentos. Dos años después (1.970) tuvimos que emigrar a Cataluña. La Goya no podía acompañarme. Se la dejé a mi tío Juan (un gran y fino cazador) pero, destinos de la vida, él se tuvo que marchar a vivir a Madrid y tampoco pudo llevársela. Se la dio a un guardia civil de Castuera que era cazador.

No volví a verla hasta que un verano que fui de vacaciones a Extremadura pregunté si alguien sabía algo de ella. Me dijeron que había sido una perra de bandera y que aunque estaba muy vieja y que ya no andaba ni veía la tenían en el Cuartel de la Guardia Civil. Al día siguiente fui a verla. Me abrieron la puerta de una vieja caballeriza donde la tenían y allí estaba ella. "Goya"," bonita"-le dije. Ante mi asombro la perra se levantó y moviendo su rabo se vino hacia mí. La abracé, la llevé a su rincón y me marché llorando.
Luego me enteré que al día siguiente murió.

Estas líneas van dedicadas a ella.

 

 
 

Los delincuentes

 

Articulo enviado por: Manuel Tena Caballero el : 12/01/2004


..TITULO: LOS DELINCUENTES

Era una temporada de aquellas en que las tórtolas y las palomas brillaban por su ausencia. Pero, como creo que cada cazador lleva un tesoro de ilusiones dentro de su cuerpo, puse el despertador a las seis y me acosté tempranito para estar en perfecta forma al día siguiente . A las seis y media ya estábamos en el bar tomando el correspondiente café y la copita de anís para matar los bichillos de la garganta. Antes del amanecer llegábamos al arroyo y comenzamos a instalarnos en los puestos. Me fumé el "cigarrillo de las ilusiones", así le llamo yo al que encendía (ya no fumo) cuando todo estaba preparado y cargaba la escopeta. Llegaron las primeras luces y la adrenalina comenzó a subir. Abría los ojos para que si se presentaba la primera tórtola no me sorprendiera y, con sus quiebros, me dejara con cara de bobo para empezar la jornada. Nada. Me fumo otro cigarro y menos. Van pasando los minutos y los puestos parecen que están mudos. Bueno, pensé, las palomas llegarán mas tarde, pero que si quieres arroz Catalina. Llegaron las diez sin pegar ni un tiro pero yo no perdía la ilusión y, esperando mejores momentos, me dediqué a apuntar a los trigueros y vencejos que pasaban por encima de mi puesto. Menos mal que, respetando la ley de Vedas, no les disparé. De pronto, a eso de un kilómetro, más o menos, vi un bulto que salía de detrás de una encina y arrastrándose como una serpiente llegaba a la siguiente. Esta operación la repitió unos quince minutos. Llegó a unos juncos que tenía a mi derecha y entonces, de improviso, me entró la primera y última tórtola. Como estaba distraído me sorprendió y aunque le vacié la Beretta no le corté ni pluma. Entonces el bulto se levantó y en perfecta sincronización apareció otro por la derecha.. ¡" No se mueva"! ¡ "No se mueva"! ¡"No toque el arma"! ¡"Documentación"! ¡"Documentación"! Me sentí como un delincuente. Sentía rabia e impotencia, pero sobreponiéndome, le contesté mirándole a los ojos: "Sí, señor, aquí la tiene". La estuvo observando con lupa durante cinco minutos y me la devolvió. Miraron la munición que llevaba en la escopeta y en las cananas , me cachearon a fondo hasta que les pareció que todo estaba correcto. Uno de ellos, a unos cuatro metros de distancia, no me quitó los ojos de encima con el dedo metido en el gatillo en posición de disparar. Luego trataron de hacerse sociables hablando de lo bonitos que eran unos pájaros negros y blancos y de unos arbustos verdes con flores blancas o rojas del arroyo. Les informé que eran urracas y adelfas y se marcharon. Mientras los veía alejarse yo pensaba para mis adentros: Los delincuentes son ellos que no comprenden el espíritu de la caza. Los delincuentes son ellos que no aplican la presunción de inocencia. Los delincuentes son ellos que piensan que somos terroristas o algo parecido. Los delincuentes son ellos que no aman la naturaleza como nosotros la amamos. Los delincuentes......... podéis seguir vosotros. Me levanté del puesto y me reuní con mi hermano y mi sobrino para comernos el bocadillo pero no pude hacerlo: tenía ganas de vomitar. Reconozco y aplaudo la labor que está haciendo Seprona o Medio Ambiete en materia cinegética ya que, entre otras cosas, han o están acabando con el furtivismo. Mis críticas van dirigidas a una serie de agentes jóvenes y prepotentes o ya mayores y anticuados que, sin modales ni educación, no saben aplicar la ley y están acabando con la paciencia de infinidad de cazadores. Hablo con conocimiento de causa porque he contactado con cazadores de Barcelona, Zaragoza, Extremadura, La Rioja, etc y todos me dicen lo mismo. ¡Cuándo va a acabar esto!

Manuel Tena

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